Thomas Mitchell

Hoy recordamos a uno de los más brillantes secundarios de Hollywood. Fue el primero en lograr la “Triple Corona” de actuación, ganando nada menos que un Oscar como mejor actor de reparto, un Emmy y un Tony. Casi todos los estupendos personajes que interpretó tenían buen corazón y un fino e irónico sentido del humor.

En 1952 ganó su Emmy por su papel en la serie de TV “The Doctor”, y el año siguiente ganó el Tony por su actuación en el musical “Hazel Flagg”. Mitchell comenzó como escritor y periodista y tuvo su primer trabajo cinematográfico en Six Cylinder Love (1924). Escribió varias obras que fueron llevadas al cine: “The Little Accident” (1930), “All of Me” (1934), “Life Begins with Love” (1937) y “Casanova Brown” (1944). Interpretó personajes singulares a lo largo de su carrera, como fueron el sargento Kelly de El sargento inmortal (1943), de John M. Stahl, el Jonas Henderson en Solo ante el peligro (1952) de Fred Zinnemann, o el personaje de Jon Day Griffith en Mientras Nueva York duerme (1956), película de Fritz Lang. Hacemos un pequeño homenaje a este inmortal de Hollywood en 4 de sus mejores momentos.

El Oscar a mejor actor de reparto le llegó por su interpretación del doctor borrachín Doc Boone en la magnífica “La Diligencia” de John Ford (1939), película que lanzó John Wayne.

Ese mismo año interpretó a Gerald O’Hara, padre de Escarlata, en la inolvidable película “Lo que el viento se llevó” (1939). De origen irlandés, Mitchell será el que inculque en su hija el amor la tierra y por su plantación, Tara.

En “A través del espejo” de Robert Siodmak (1946) interpreta al teniente de policia Stevenson que investiga un crimen cometido por unas gemelas. Como no puede acusar a las dos y ambas se niegan a declarar, se ve obligado a acudir a un psicoanalista (el elegante Lew Ayres) para que le ayude a distinguir quién es quién en la historia.

Trabajó en cuatro ocasiones con el director Frank Capra e interpretó en sus películas personajes tan recordados como el tío Billy en ¡Qué bello es vivir! (1946). Capra, un optimista, sacaba siempre lo mejor del ser humano en sus deliciosas películas. Un gángster para un milagro (1961) es una comedia en la que se crea una farsa: lavan, maquillan y visten adecuadamente a Annie Manzanas (Bette Davis), transformando a una pordiosera mendiga en toda una señora de la alta sociedad. Lo siguiente es buscar un marido “adecuado” para ella, con lo que piensan en un corrupto y ladronzuelo, el juez Blake (Thomas Mitchell), muy aficionado al billar.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu e-mail no será publicado ni usado para publicidad. Los campos obligatorios están marcados con un asterisco